Cuando se habla de los primeros o más icónicos artistas del tatuaje, por lo general los nombres que vienen a la mente son de hombres (por ejemplo, Sailor Jerry). Nuestra –caduca– sociedad patriarcal global ha hecho que por siglos el talento y los logros de las mujeres no sean tan reconocidos como el de sus congéneres masculinos. Lo que muchos no saben, es que las mujeres han jugado un papel muy importante en la cultura del tatuaje, aunque lamentablemente no hay tanto registro de ello como lo hay de artistas hombres.

Estados Unidos y el Reino Unido fueron los hogares de las primeras dos tatuadoras profesionales conocidas: Maud Wagner  y Jesse Knight, respectivamente.

Maud Wagner (Kansas, USA 1877-1961)

La vida de Maud fue como la de ninguna otra mujer de su época. Mientras la gran mayoría crecía para ser una ama de casa, ella creció siendo parte de un circo, como trapecista y contorsionista, viajando a través de distintos lugares del país norteamericano. En una de sus paradas, conoció a Gus Wagner, un comerciante marino que había viajado por el mundo, coleccionando tatuajes en el camino e incluso aprendiendo a tatuar de diversas tribus. Gus la invitó a salir y ella aceptó a cambio de que le enseñara este ‘raro’ arte. Con el paso de los años, Gus tatuó muchas veces a Maud, y ella a su vez tatuó a decenas de personas, consolidándose como la primera artista del tatuaje profesional de la que se tenga registro en Estados Unidos.

Durante sus carreras, ambos se mantuvieron fieles a la técnica stick and pokeaunque en ese entonces ya existía la máquina tatuadora. Fun fact: años después de casarse tuvieron una hija llamada Lovetta, que también se dedicó al tatuaje, y cuyo último trabajo fue para ni más ni menos que Ed Hardy en 1983.

Jessie Knight (Croyden, UK 1904 – 1992)

Años después de que Maud Wagner hiciera historia en América, Jessie Knight comenzó a hacerla pero en el Reino Unido. Jessie aprendió a tatuar gracias a su padre, para después entrar como aprendiz en el estudio del artista Charlie Bell, para después comenzar su propio ‘salón’ en Portsmouth en Hampshire.

Durante los 60′ regresó al lugar donde comenzó su carrera, Barry, South Wales, y continuó tatuando hasta los 80′, bajo la técnica de mano alzada que le caracterizaba.


Estas dos mujeres no sólo fueron pioneras en la industria del tatuaje, sino que también fueron fuertes personalidades que ayudaron a romper estigmas, portando –intencionalmente o no– el mensaje de liberación y empoderamiento femeninos tan necesarios en la época.

[Fuente: Wikipedia]