Dentro de la cultura del tatuaje, Japón es uno de los países con mayor historia; el irezumi tiene incluso sus propios términos para cada tipo de tatuaje. Entonces, ¿por qué esta tradición ancestral está en peligro?

 

El gobierno local contra los tatuadores.

Todo comenzó en 2015, cuando elementos de la policía de Osaka entraron al estudio del artista Taiki Masuda, confiscaron su equipo y lo arrestaron por haber tatuado a tres clientes. Unos meses después, la Corte de Osaka lo declaró culpable por violar la Ley de Prácticas Médicas, por ejercer el tatuado sin una licencia médica. Así, le impusieron una multa de 300,000 ¥ (alrededor de $50,000 pesos). Ese mismo año, más artistas fueron multados, sin embargo Masuda fue el único que se rehusó a pagar y decidió ir a juicio contra el distrito de Osaka, pues según él “aceptar esta multa volverá criminales a todos los artistas de Japón.”

La opacidad de la ley y el estigma.

El Artículo 17 de la Ley de Prácticas Médicas (1948) establece que “ninguna persona excepto médicos puede incurrir en prácticas médicas”, sin especificar qué entra dentro de ‘prácticas médicas’. Fue en 2001 cuando el Ministro de Salud, Trabajo y Bienestar intentó regular a la industria de los cosméticos, haciendo mencionando que “poner pigmento en una aguja e insertar tinta en la piel representa una práctica médica que sólo puede ser realizada por aquellos que tengan una licencia médica”. Durante los años que le siguieron, esto fue usado por la autoridades para regular los tatuajes con fines cosméticos (cejas, por ejemplos). Pero el Departamento de Policía de Osaka comenzó a usar como pretexto para arrestar a tatuadores.

Muchos mencionan que el Jefe de Gobierno del momento, Toru Hashimoto, siempre mostró oposición a los tatuajes, incluso en las entrevistas de trabajo de su equipo pedían que los candidatos declararan si tenían tatuajes y en dónde, sugiriendo que quienes sí, se echaran para atrás porque no eran aptos para ser empleados del gobierno municipal.

Salvando al tatuaje y el veredicto.

A raíz de todo esto, Masuda comenzó una campaña llamada Save Tattooing in Japan, en la que la comunidad de artistas se ha unido para hacer ruido, nacional e internacionalmente, sobre lo que está pasando en el país asiático.

El juicio se llevó acabo entre abril y agosto de este año. Lamentablemente, el juez Takaaki Nagase lo declaró culpable y le impuso una multa de 150,000 ¥. Masuda ha declarado que apelará la declaración de la corte.

Hasta ahora, es incierto lo que sucederá. Si estas prácticas a cargo de las autoridades continúan, miles de artistas se verán obligados a trabajar de manera clandestina, transformando la manera en la que la cultura del tatuaje se vive en Japón. Este caso representa un importante paso para romper el estigma que el tatuaje tiene en aquel país, sobre todo por su cercana relación con la mafia y delincuencia, y enaltecerlo como el arte que es.

[Fuente: The Conversation]